Abogado, Dr en Derecho. Profesor honorario de la Universidad de los Andes y ex Magistrado

domingo, 28 de junio de 2020

Votar o no Votar?. Abstenerse o no Abstenerse?


¿Votar o no votar? ¿Abstenerse o no abstenerse?
Román J. Duque Corredor

 El votar es un derecho que no se puede descartar o renunciar.  Constitucionalmente no es un deber que hay que cumplir.  Y, por otro lado, es cierto, que entre más íntima y profunda sea la conexión entre la democracia deliberativa y la participativa habrá una legitimidad democratica del Estado de Derecho, del cual el voto es una demostración.  En efecto, el voto es un instrumento de ejercicio de la soberania popular que es la fuente del origen legitimo del poder público. Por eso su ejercicio debe garantizarse plenamente mediante un proceso electoral, libre, competivo, de igualdad, imparcialidad, trasparencia y de respeto al sistema de pluralidad de partidos; principios estos de los que depende la legitimidad de estos procesos.
 La realidad en Venezuela, en la actualidad, es contraria a esos principios, lo que provoca una desmotivación para votar, alentada por el propio gobierno.  De modo que no basta con decir que hay que ir a votar y que si votamos todos le ganamos al gobierno, porque, en virtud de las últimas decisiones del TSJ, no hay garantía de que se respete un resultado contrario al gobierno.  Ademas, tambien sin una organización fuerte y unida es difícil superar la falta de garantías electorales. De modo que cuanto mayor y mejor, en cantidad y calidad y cuanto más amplia y consciente, sea dicha organización, el votar podría ser una opción, porque habría mayor probalidad de asegurar un resultado favorable. Para ello es necesario deliberación, diálogo y consenso para logar una mayoría que influya en el resultado electoral por encima de toda duda o fraude.  Es decir, votar no porque es un derecho y que si se vota mayoritariamente se gana, sino que ha de ser un voto beligerante y no simplemente el menor daño, o el voto útil, o eficaz.  En las elecciones de mayo de 2020, por ejemplo, el voto opositor fracasó, no tanto por la campaña abstencionista y no solo por la falta de garantias electorales, sino por la ausencia de una verdadera organización unitaria y de un candidato no representativo del voto beligerante y de un verdadero mensaje opositor.
 Ahora bien, entonces, ¿la alternativa es la abstención?  Es verdad que la abstención es una forma políticamente de mostrar rechazo, como lo es tambien el voto en blanco o el voto nulo. Pero, la falta de legitimidad del proceso electoral es insuficiente para justificar la abstención, porque abstenerse sin que represente una eficacia, es decir, sin una consecuencia determinante contra el gobierno, puede ser tan contraproducente, como votar por votar sin que se tenga una verdadera probalidad de que el voto sea útil.
 La realidad actual en Venezuela, como lo ha reconocido la Unión Europea, el Consejo Permanente de la OEA,  la Comision Interamericana de Derechos Humanos, el Grupo de Contacto y el Grupo de Lima;  de acoso contra la Asamblea Nacional, de designación de un ilegitimo CNE, de interferir en el funcionamiento de los partidos políticos independientes   y del secuestro de sus tarjetas y símbolos y de designacion de directivas partidistas ad hoc; y de reforma la ley electoral en contra de la prohibición de modificar la normativa eleccionaria en los seis meses anteriores al dia de la lección; constituyen un obstáculo para la celebración de elecciones justas, libres, y transparentes, con un Consejo Nacional Electoral independiente y un Tribunal Supremo de Justicia imparcial, y con observación internacional independiente.  Y, por ello mina la confianza en los eventos electorales del país, como medio de expresión de la soberania popular y motiva la abstención como rechazo a dicho sistema.  Sin embargo, a pesar de este obstaculo, estos organismos internacionales señalan que todos los actores políticos deben hacer un esfuerzo para llevar a cabo un proceso decidido de transición pacífica y democrática en la República Bolivariana de Venezuela, de conformidad con las leyes nacionales y su Constitución, así como lo establecido en la Carta Democrática Interamericana y la Carta de la OEA.
Surgen, entonces, tres posiciones. Una, la de la llamada Mesa de Diálogo, o “mesita”, que considera que con las sentencias 0068, 0070, 0071 y 0072, del TSJ, favorables al gobierno, estan dadas las condiciones para realizar unas elecciones parlamentarias libres. Otra, la que no existen tales condiciones y que votar es legitimar el régimen de facto de Maduro, por lo que se justifica la abstención. Y, una tercera, que sostiene, que se justifica votar, si se logra una gran convocatoria a la unidad nacional en base a un programa de reconstrucción de las instituciones, de reactivación del aparato productivo, de justicia social y de reequipamiento moral; y la formulación de una sola tarjeta que represente la unión nacional.  De estas tres posiciones, las dos primeras de manera absoluta sostienen que se puede votar dentro del presente sistema electoral o de que se debe ir a la abstención.  Según esta tesis, no tanto por la falta de garantias electorales, sino porque ello significa convalidar la ilegitimidad del régimen, no obstante que el voto en contra impide juridicamente considerarlo como convalidación, como lo reconoce la doctrina y la jurisprudencia comparada, si ciertamente puede influir en el resultado final. Por estas razones, hare unas precisiones sobre la justificación o no de la tercera posición, la cual aparece condicionada a la organización de la unión nacional, a un compromiso postelectoral y a la utilización de una sola tarjeta.
 Entiendo, que esta posición se basa en la tesis que la doctrina denomina “el voto como mal menor”, que ha sido reconocida en las ciencias politicas y en la ética politica, incluso, por la Conferencia Episcopal Venezolana; pero bajo la compensación de una unión nacional que determine la probalidad que el voto de la mayoria influya en el resultado final; y de una alternativa de reconstrucción institucional, de reactivación del aparato productivo, de justicia social y de reequipamiento moral.  Es decir, la tesis tambien, que la doctrina llama “el voto útil”.
 Evidentemente, que la tesis del voto como mal menor junto con la del voto útil, aparece ser la más racional, pero dada la realidad venezolana de la incertidumbre electoral, que produce desmotivación, y la ausencia de una estructura que agrupe a la mayoria opositora, es la que requiere mayor esfuerzo de motivación y exige, como presupuesto, una organización unitaria y de sinergia de la sociedad civil y el sector político. No solo de cantidad, sino de calidad y de un liderazgo creíble y de un compromiso factible electoral y postelectoral.  De modo que el planteamiento de la tarjeta de unión nacional y del voto útil tendría que aparecer como una propuesta para toda la oposición y no la posición particular de un grupo opositor y, por supuesto, dicha propuesta ha de tener neto cariz opositor inclusivo.  En otro orden de ideas, la tesis del voto del mal menor o del voto útil, estaria ajustada a los planteamientos de los organismos internacionales, antes mencionados, y del Consejo Episcopal de Venezuela y del manifiesto bipartito de FEDECAMARAS y sectores civiles, por ejemplo.  Sin embargo, considero, que si esta tesis aparece como   de  un grupo de la oposición; y  que por otro la  no tome en cuenta la existencia de la Asamblea Nacional como el único poder legítimo y a su Presidente, como representativo de la institucionalidad democratica; no lograra superar la estrategia  de desmotivación del voto  del gobierno; y, en consecuencia,  su estructura será débil como la que se presentó en las elecciones de mayo del 2018 ; y, por ello, será ineficaz  para  vencer el obstaculo de un sistema electoral comprometido con el gobierno.   
  Vale la pena destacar, por los   efectos internacionales que tendrían las diferentes tesis sobre la votación o la abstención, que la justicia federal norteamericana consideró valido el reconocimiento de ilegitimo que el gobierno de EEUU hizo del gobierno de Maduro, y de legítimos de la Asamblea Nacional y de Juan Guaidó, como poder legislativo y presidente interino , respectivamente. E, igualmente reconoció la validez del Estatuto de la Transicion hacia la Democracia, aprobado por la mencionada Asamblea y de los actos que esta hubiere dictado (Corte del Distrito Sur de Texas, Caso “Impact Fluid Solutions LP e Impact Fluid Solutions LLC contra BARIVEN SA y sus subsidiarias PDVSA Services BV y PDVSA Services Inc., 20/05/2020).
  Igual  razonamiento  de la eficacia del voto útil, podría formularse  de la propuesta de la abstención, sobre la necesidad de  su justificación mediante una unión nacional abstencionista, es decir, de una abstención activa y beligerante, de la mayoria de la oposición, con fundamento tambien en un fin útil para la solucion de la crisis politica y no de simple rechazo a la ilegitimidad del gobierno; que compense el no ejercicio del derecho del voto, en el entendido que lo que es ilegitimo no se convalida si el voto es expresión de un rechazo, como lo es el voto en blanco o el voto  nulo, según el derecho comparado y a la doctrina  de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que considera la abstención como un recurso electoral  ( https://www.corteidh.or.cr/tablas/14910.pdf). Igualmente, el simple no votar, sin un compromiso de una beligerante accion politica, carece de eficacia.
   Pienso que la tesis del voto útil o de la unión nacional y la de la abstención activa beligerante, tienen racionalidad, si por la eficacia del resultado se justifican, como mal menor. Y por ello tendrían legitimidad ante la opinión nacional e internacional.  Por otro lado, ambas tesis requieren   lograr el mayor consenso en favor de una u otra posición, por lo que la descalificación entre los partidarios del voto útil o de la abstención, es una pésima tactica.  Y, finalmente, la sola propuesta de votar o de la abstención, sin una logistica electoral o politica, son inútiles. En este orden de ideas, vale la pena recordar a Churchill, que decía” Aunque la estrategia sea hermosa, ocasionalmente deberías ver los resultados”.  Y, que agregaba, que, “De nada sirve decir, lo estamos haciendo mejor posible. Sino que tienes que hacer lo que sea necesario para tener éxito”. Y, tambien, para nuestra realidad politica, resulta inspiradora la frase de Churchill. “Si uno no quiere luchar por el bien cuando puede ganar fácilmente sin derramamiento de sangre, si no quiere luchar cuando la victoria es casi segura y no supone demasiado esfuerzo, es posible que llegue el momento en el que se vea obligado a luchar cuando tiene todas las de perder y una posibilidad precaria de supervivencia. Incluso puede pasar algo peor: que uno tenga que luchar cuando no tiene ninguna esperanza de ganar, porque es preferible morir que vivir esclavizados". Los promotores del voto y de la abstención, tienen un reto y un desafío y los electores tenemos la decisión. 


Caracas, 28 de junio de 2020


domingo, 14 de junio de 2020

El Legado de Adriani




El Legado de Alberto Adriani (Zea 14.06.1898- Caracas 10.08.1936): Una Tarea Pendiente (a los 124 años de su nacimiento)

Román J. Duque Corredor
Presidente de la Fundación Alberto Adriani

Alberto Adriani, merideño, de proyección nacional e internacional, es de esos venezolanos que contribuyen a formar lo que Augusto Mijares, denomina “la columna vertebral de la República”, como lo es su tradición civil, la legalidad, el orden, la ciencia y el progreso; y que Tomás Polanco considera que deben ser calificados de  venezolanos insignes”, por lo mucho que su obra ayuda  a comprender a Venezuela para poder pensar en una nación optimista, positiva, llena de vida y de orgullo, por lo tanto bueno que tiene y que ha tenido. La vida de Alberto Adriani, tuvo tanta trascendencia y tanta importancia su obra, que en el aniversario de su nacimiento un modo de retribuir lo mucho de lo que hizo para dotar de medula espinal a la columna vertebral de la República y para mantenerla erguida, es recordar su contribución al desarrollo y progreso de las ciencias sociales económicas. Con ello particularmente se hace un justo reconocimiento a uno de los más insignes forjadores del pensamiento económico nacional, y quien fue extraordinario Estadista, que se distinguió por su visión prospectiva de políticas públicas para el desarrollo equitativo de una Venezuela moderna y progresista.  Y, es cierto, Alberto Adriani, debe ser recordado no solo como uno de los primeros economistas venezolanos, sino también como un gran estadista. Porque poseía en el ejercicio de funciones públicas un espíritu sano y equilibrado; agudeza y profundidad; y una sólida cultura que le permitió percibir las realidades nacionales e internacionales y sus diversas manifestaciones en la ciencia económica y en las complejidades de la vida humana y las variantes propias de la vida social en el diseño de políticas públicas para la modernización del Estado. El reconocimiento a su obra es de mucho provecho y da satisfacción, y por ello puede ser calificada de sabia, como decía Santo Tomás de Aquino que han de ser las obras de los sabios. En efecto, la obra de Adriani, contiene sabiduría por los temas tratados económicos, financieros, monetarios, agrícolas, de inmigración, que son de excelencia y porque además colman vacíos e ilustran aún más a los estudiosos de las Ciencias Económicas. Es provechosa, porque contribuye con la formación del pensamiento venezolano. Y, da satisfacción porque en las crisis propias de la historia nacional, como la presente, el estudio de su Pensamiento fortalece la fe y la esperanza en el futuro del país.  Razón tienen sus paisanos, de proclamar con orgullo en su Himno Municipal, como blasón distintivo, que Zea, su Pueblo común, o “pequeña república” como la llamó Miguel Ángel Burelli Rivas, o “parcela de afectos florecida”, como la cantó el poeta zedeño Emiro Duque Sánchez; es “Tierra de Adriani; puesto que, es “ejemplar la historia, en este país de tantas historias inejemplares, de un hombre joven y modesto nacido en un pequeño pueblo provinciano, cuyo talento y cuya honestidad pudieron ofrecerle en plena juventud, un grandioso destino”; como lo expresó  Mariano Picón Salas al recibir la noticia de la muerte de este joven estadista zedeño.
Alberto Adriani, fue “El visionario de Mérida”, según Bernardo Celis Parra, cuyo nacimiento debe recordarse, pero, no como una página más de esa historia llena de páginas, porque, como dijo, el Dr. Asdrúbal Baptista,; sino de una historia en “donde no son vanos los hombres que se reviven”, y más, agregó, “serían ellos meras sombras de un tiempo irreversiblemente ido, si se tomara este espacio que ahora se les concede como el recuento de una gesta, y no como la imposición y el reclamo de un tiempo que aún no es y que lucha con denuedo, en nosotros y a través de nosotros, por ser”. Si Uslar Pietri decía, que “nada revela mejor la calidad del espíritu del hombre que los libros que lee y posee”, podríamos también añadir “que los libros que escribe”; entonces, a través de sus escritos, Alberto Adriani reveló una alta calidad intelectual y moral del venezolano excepcional que fue. Esa obra sirve y servirá como lección a los presentes y futuros venezolanos, de la “Labor Venezolanista”, materia aún pendiente de los diferentes gobiernos de la sociedad venezolana.
. Quienes no conocieron personalmente a Alberto Adriani sino a través de la tradición familiar y de vecinos y paisanos y por la lectura de sus trabajos y de las glosas de los estudiosos de sus obras, tienen que imaginárselo en su época y en sus circunstancias, a la manera de Ortega y Gasset.  De ese aprendizaje llegamos a conocerlo como uno de nuestros primeros economistas, como ser humano, como provinciano universal y sobre todo como visionario de la Venezuela integral que aspiraba y que quería. Fue, un hombre anticipado, como llamaba Ramón J. Velásquez, a quienes trascienden su época.  Por ello, en este mundo globalizado, de mercados integrados, de Internet, de Estados descentralizados y del desarrollo sostenible y de la agricultura sustentable, es oportuno propiciar la divulgación de su pensamiento económico nacional, porque sigue siendo de actualidad.  De esta forma Adriani viaja a través del tiempo y continúa viviendo entre nosotros. Proyectando su pensamiento como inspiración de nuestro porvenir. Porque si estuviera entre nosotros, en una eternidad imaginaria, nos invitaría  a examinar siempre con visión crítica, nuestros fenómenos sociales y  económicos,  pero con criterios de la ciencia y  de la cultura, para  que no  nos  embrujen nuevos taumaturgos providenciales, y con seguridad nos prevendría   contra el mito de los nuevos héroes, recordándonos, ilustrado como lo seguiría  siendo, las palabras de Galileo en el drama de Berthold Brecht, que “los  nuevos taumaturgos hacen desgraciados al país que los crean, los reclaman y lo solicitan”.  La eterna presencia de Adriani entre nosotros será, pues, un   perenne reclamo a pensar y a luchar por Venezuela, para construirla mejor y para reconstruirla diariamente, pero mediante el esfuerzo colectivo, ordenado, solidario y en convivencia. Es decir, una labor Venezolanista, como la súmala de su obra progresista y visionaria. Que puede resumirse, en la síntesis que de su pensamiento hizo Teodoro Petkoff, en que, por encima de las ideologías, lo que importa son los hombres, la fuerza de su inspiración, el vigor, su fe y el poder de su voluntad.   
 En efecto, quien, como Adriani, que, en una Venezuela rural, a los doce años hablaba con propiedad sobre nuestro incipiente desarrollo industrial, del problema internacional del café y de la ganadería, del estaño boliviano y del cobre chileno, y que ya tenía conocimientos de contabilidad. Quien, como él, que, en una Mérida recoleta, maravilló a Mariano Picón Salas porque además del italiano hablaba inglés y francés, se expresaba y escribía en castellano correcto, aprendido en el Colegio “Santo Tomás de Aquino”, del Bachiller Félix Román Duque, mi abuelo, del cual fue uno de sus primeros once alumnos. Quien sino esta personalidad, de cuya tesis de Bachiller sobre psicología comparada, escrita en 1916, pudo decir uno de sus tutores, “Cuanta profundidad en la tesis de un jovencito”. Que, mejor pues, que el pensamiento integral de Alberto Adriani para inspirar nuestro porvenir, quien que desde Zea, su  pueblo natal, donde se perpetuó en el bronce que recuerda su memoria,  junto al de su Maestro, que le trazó su camino y que  le orientó hacia una visión de Patria  y del Mundo;  y  desde  su morada en  el Panteón Nacional; donde descansa desde 1999; en apacible sueño de siglos, para que siga siendo “el testigo y  crítico implacable” de nuestro presente y futuro, al igual que lo era de la economía y de la sociedad en el pasado, en palabras de Don Mariano Picón Salas.  La contemporaneidad del  pensamiento del  joven Adriani aparece ya con visión integracionista, en su conferencia “Progresos Democráticos de la América Latina”, dictada en el Centro de Estudiantes de  Derecho,  donde  asoma su  perfil de estadista, al proponer políticas  públicas, para mejorar en democracia, con palabras de vigencia  actual: “Protección  para  el  que trabaja, queremos levantar de sus ruinas la industria y el comercio; queremos dar un impulso gigantesco a la instrucción,  favoreceremos la inmigración que ha de traer a nuestras playas gentes  robustas de cuerpo y espíritu que levante nuestra raza que decae o se  estaciona, tendremos ferrocarriles, construiremos carreteras, impulsaremos nuestras comunicaciones marítimas,  para  que por  mar  y  tierra  transite  sin tropiezos la riqueza  nacional. A donde no llegue la iniciativa individual, allí estará la del gobierno”.  Sin embargo, como prevención ante los efectos nocivos de lo que hoy sería una globalización homogeneizante, advertía, ya en su madurez, que porqué es ¿“imposible llegar a planear una labor constructiva que surja de la realidad venezolana, que entronque nuestra tradición, que responda a nuestra vocación nacional? Puesto que interrogaba -y sigue interrogando- ¿Estaremos siempre condenados a imitar a los demás, a ser el eco de los demás, a vivir de los otros, a fugarnos de nuestro país, a la manera de esos literatos de la generación pasada que se hicieron sus mundos artificiales, a quedarnos aquí sólo a justificar todos nuestros pecados como lo hicieron los sociólogos de la misma generación? Si en 1941, Manuel Egaña, al inventariar el cumplimiento del pensamiento del legado de Adriani, como proyecto de país, decía, que “Todavía estamos en deuda con Venezuela y Alberto Adriani”, hoy a ciento veinte y cuatro años de su nacimiento y a ochenta y cuatro años de su muerte, el proyecto de país de Adriani, “primer estadista moderno de nuestra historia”, según Armando Rojas, es una institución testamentaria incumplida. Seguimos aún no sólo más dependientes del petróleo, sino que las políticas públicas no han sabido compaginar el hecho nacional con la realidad de un mundo globalizado.  El legado Venezolanista de Adriani, nos obliga a examinar la realidad nacional para resaltar nuestros valores. Para que aprendiendo a vivir en comunidad nacional podamos formar parte de la comunidad de pueblos latinoamericanos y mundiales, actualizando una definición clara del rol del Estado y de la sociedad civil, en la economía y en la planificación integral del desarrollo, que no se quede en lo puramente comercial, sino que ponga énfasis en la promoción de una agricultura moderna y diversificada y en la educación para el empleo permanente. Interpretamos así actualmente el pensamiento de Adriani, que vio que el desarrollo de Zea, su pueblo, no podía quedarse sólo en el mejoramiento de sus haciendas familiares, “El Bejuquero”, “La Seca”, “Guaruries”, “Santa Lucía” y “Arenales; y dentro de los límites del Estado Mérida. Y, tampoco dentro de Venezuela sino allende de nuestras fronteras y de nuestros puertos, surcando mares y tierras extranjeras. En lo que hoy es un proyecto político superior que trasciende las relaciones económicas y comerciales para comprender todos los sectores para asegurar el desarrollo de nuestro pueblo, en el ámbito regional, continental y mundial. A diferencia del aislacionismo que mantiene a Venezuela el presente régimen que se dice progresista y revolucionario.
Pocas veces en la historia”, dice Burelli Rivas, al referirse a Adriani, “coincidían la vocación y la preparación de un hombre con la oportunidad de serviles que se le abría”. Lo cierto es que Adriani supo entender el momento histórico de las oportunidades. Estaba consciente, como lo escribió en su Cuaderno de Notas, que “si el destino lo quisiera, toda la máquina del Estado podría estar sobre los hombros de nuestra generación. Es necesario percibirse desde ahora de esa posibilidad”. “Me preparo”, decía Adriani, “para mañana, sin concebir grandes esperanzas, si no con la intención de obedecer dócilmente a las circunstancias”.   Y así fue.  Cuando estudiante se preparó para esas oportunidades, desde su pueblo natal, donde aprendió a conocer la realidad rural, pero también lo importante de la educación y de la cultura, para la modernidad de lo primitivo y de la necesidad de las comunicaciones para la superación del aldeanismo. No por casualidad, después, como estadista y planificador, puso tanto empeño en el desarrollo de las vías fluviales, carreteras y ferrocarrileras   para mejorar la población y la agricultura y para permitir la exportación de productos nacionales en función de igualdad con otros países.  Esa preparación se asomó en su primer proyecto de país, que fue aquella conferencia estudiantil sobre los progresos democráticos de América Latina, adelantándose en el tiempo a las políticas públicas, como factor del desarrollo, y que después pudo plasmar, sin duda, en el “Programa o Plan de Febrero”, cuyo   pensamiento, según Burelli Rivas, fue capital en la formulación de este Plan de gobierno del presidente Eleazar López Contreras, junto con   Diógenes Escalante y Manuel Egaña.  La planificación   económica y financiera, como instrumento del desarrollo, aprendida desde el manejo de las diversas   fincas familiares, bajo el agobio de crisis cafeteras y la presión de los altos costos de producción y sus bajos rendimientos, tuvo en Adriani uno de sus primeros propulsores en el país. Todo ello con una visión integral y de Patria, ante la tragedia que la persigue, como expresó mi Padre José Román Duque Sánchez, en sus palabras del cincuentenario de la muerte de Adriani, ante la Academia Nacional de Ciencias Económicas. Consciente que la independencia política va de mano de la autonomía  económica, y que es  necesario ordenar las  actividades y capitales,  que  están  o  vienen a nuestra  Patria,  Adriani, reclamaba,  acorde  con su  tiempo, pero,  con vigencia actual,  que “Debemos adoptar una  política económica,  que  no  debe  ser  circunstancial,  sino con  visión de futuro y de patriotismo, sin  exclusividades y  exclusiones, en democracia y  en libertad,” conforme  al mismo  pensamiento vigente de Adriani.  Una política que debe partir de una educación para el trabajo y contemplar la planificación de una agricultura tecnificada, moderna y diversificada o multifuncional; de un sistema tributario justo, de una interconexión nacional e internacional. Todo dentro de una seguridad jurídica que garantice el fruto del esfuerzo, el respeto del trabajo e impida la arbitrariedad. Proposiciones   que aún son materias pendientes en Venezuela por la inexistencia de un sistema de justicia independiente, no comprometido y subordinado.  Que, por su actualidad y vigencia, permiten calificar a Adriani, en palabras de Burelli Rivas, como “verdadero estadista, y tal vez el más completo del Siglo XX, por la modernidad, coherencia y coraje de sus planes”. Y, por la visión de futuro de un proyecto de país, me permito agregar, que es lo que mejor define a los estadistas.  Es así, como 1936, el gran año y el último de su vida, conforme Simón Alberto Consalvi, “vio consagrarse a Alberto Adriani como uno de los estadistas de más profunda comprensión de los problemas venezolanos, como un   financista de teorías contemporáneas y como una de las mentes más disciplinadas de su tiempo”.  Casi al final de sus días, escribió: “Nuestros problemas son de sanidad, educación, comunicaciones, de economía, en una palabra, de nuestro tremendo atraso nacional”.  Sin duda, que Adriani, sigue vigente entre nosotros, porque sus reclamos continúan pendientes e insatisfechos. La perennidad de su  pensamiento sobre  los  efectos  nocivos  de un  país  petróleo-dependiente  y  su influencia en nuestro  provenir,  sigue siendo  de  actualidad,  no obstante su nacionalización,  porque  si bien la industria  petrolera ha  servido  para engrosar  las   arcas   públicas;  aún “el país  no  obtiene  ventajas con las  cuales  podamos  estar  jubilosos, por  más que  sean  en  cierto  sentido,  satisfactorias”;  en palabras admonitorias  y  de  actualidad  de Adriani,  y que tampoco ha  servido para  modernizar   nuestra  agricultura, mejorar la prestación de los  servicios de salud, en riego,  en  viviendas suficientes  y  decentes,  en  mejorar la  calidad  de la  educación  y  de la investigación, y en  ampliar las vías  de  comunicación,  como reclamaba el mismo Adriani. Pero la visión integracionista de Adriani, no desmejoraba la importancia de lo local en el desarrollo nacional. Adriani, fue ante todo un lugareño, y, sin dejar de serlo, fue después, internacionalista. Su fuerza la sacaba de lo suyo, de lo local, porque valoraba la influencia de lo propio en la conducta de los pueblos y porque ha de tenerse en cuenta la esencia de lo social y familiar en el engrandecimiento de lo nacional. Porque para él, “la vida campesina no es tan salvaje como pudiera suponerse”, porque, de la tranquilidad que ella supone, podría agregarse, nacen no sólo reflexiones sino compromisos. Así, esa vida rural hizo reflexionar a Adriani, sobre el destino de la Patria, que después, de regreso de un largo periplo por Europa y Norte América, proclama desde la sencillez de su pueblo, al retornar a “su antiguo y nunca olvidado oficio de campesino”, este homérico compromiso deontológico, que aún es de impresionante realidad: “Venezuela en manos de rapaces e ignorantes. Pero esperemos. La revolución no se hace de la noche a la mañana. Gómez es en cierta manera, el resultado de un estado social. Antes de reaccionar contra él debemos reaccionar contra nosotros”. Mensaje que hoy nos resuena con gravedad por la rapacidad e ignorancia de un gobierno y por la falta de sacrificar entre nosotros lo particular para lograr la unidad nacional.
De sus palabras del Salón de Lectura de San Cristóbal, puede derivarse la importancia que otorgaba Adriani al regionalismo positivo. Allí dirá de la capital tachirense, lo que es aplicable a nuestras capitales provincianas: “(...) San Cristóbal está llamada a grandes destinos. Será siempre, para bien de la Patria, una de las obreras de su historia, uno de los puntos de concentración de las energías venezolanas”. Es verdad, las sinergias nacionales nacen y convergen de lo local a lo nacional. Por eso, a este discurso, en sus palabras en el cincuentenario del fallecimiento de Adriani, mi Padre, lo calificó de “exposición extraordinaria, clara y precisa del nacionalismo económico”, que se basa en la importancia de lo local para fortalecer lo nacional.  Quizá, en ese aprecio por lo propio y de su peso en lo personal y nacional, tuvieron mucho que ver los consejos de su preceptor provinciano, Félix Román Duque, mi abuelo, porque como afirma Armando Alarcón Fernández, “la formación de Adriani fundamentalmente sus concepciones filosóficas, su formación intelectual dependió de ese gran maestro, patrimonio espiritual de Zea, a pesar de no haber nacido en esta tierra”.  Si, el Maestro Félix Román Duque decía a su alumno, en mayo de 1915: “Ya sabe mi querido Alberto, no abandone los buenos principios en que ha cimentado su vida de joven, porque del modo de ser en los mejores años depende la felicidad o desgracia en el porvenir del hombre”.  Es así como el desconocimiento de las potencialidades y valores culturales y sociales de las localidades y las regiones, lleva a un desarrollo pobre de la Nación, porque no se atiende a las partes que la componen, sino al vértice territorial, por creer que al beneficiar a éste mejoran sus partes locales. No es cierto, ello conduce a un país desigual, a un desarrollo inestable, a un sistema político ineficaz y corrompido y a un desequilibrio territorial.
 Ciertamente, el olvido de lo local ha permitido la concentración del poder, de recursos y de oportunidades y la marginalidad de la mayor parte del territorio nacional. Una nueva visión del desarrollo se impone, dice el geógrafo trujillano Francisco González Cruz, Rector emérito de la Universidad Valle del Momboy, a la luz de las nuevas realidades de la democracia, el pluralismo, la solidaridad y la globalización. Es decir, la revalorización de lo local, o “lugarización”, que, según González Cruz, es la “contrapartida a esa tendencia homogeneizadora, que “por el contrario, busca la identidad personal y local y privilegia lo autóctono, lo vernáculo, lo natural y lo singular. Tiende a la heterogeneidad”. Adriani, sin duda, al recomponer lo lugareño en el contexto nacional, desde las primeras décadas del Siglo XX, fue un adelantado de lo que modernamente es el proceso de descentralización, al proclamar como mensaje a sus coterráneos, pero también aplicable a todas las regiones, este pensamiento definidor: “Para edificar la grandeza de la Patria, comience cada uno por su Municipio. Comencemos nosotros por nuestro Zea. Mensaje éste que día a día es cada vez más realidad en nuestro país.
Hoy día cuando después de la Cumbre de Río de Janeiro de 1992,  se viene hablando de desarrollo sostenible y de agricultura sustentable, que se basa en la conjunción del crecimiento económico con la protección del ambiente y el bienestar social de las  personas,  cobran  vigencia  las reflexiones de Adriani respecto del cultivo del café, que proclamaban la mejor preparación de la  tierra, la resiembra y conservación de los cultivos  de sombra, el control plaguicida, el reacondicionamiento de las instalaciones de beneficio, la adecuada  recolección de la cosecha  y adecuadas condiciones de vida  para los  trabajadores rurales. Así como la planificación del mejoramiento del cultivo en los mercados nacionales e internacionales para asegurar su colocación, la suficiencia de la producción y estimular el consumo por la calidad del producto. Líneas estas de acción que se inscriben en lo que contemporáneamente se denomina seguridad alimentaria. Y que Adriani consideraba que debía merecer la atención mundial a través de un organismo internacional para la agricultura, que concebía como un ente de investigación y experimentación para contribuir con el mejoramiento de los cultivos para asegurar la alimentación de la humanidad. Organismo cuyas funciones lleva a cabo hoy día la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Para Adriani, según Francisco Mieres, el gran reto, es el cómo reconstruir la economía interna y propia del país, sobre la base de la producción agrícola. Reto aún no alcanzado. Y, si hoy se proclama el desarrollo rural integral como base de la agricultura sustentable, oigamos el compendio que Manuel Felipe Rúgeles, hizo del pensamiento agrarista de Adriani: “Soñaba con el robusto empuje de una colonización científica, modelo en América. En una inmigración seleccionada, capaz de traer a las tierras desérticas de nuestra patria el caudal de sangre generosa y el esfuerzo agresivo de sus músculos renovadores. En la alegría del agua salvadora para pueblos y aldeas   sedientas en nuestra llanura. En un remozamiento de los sistemas de trabajo por medio de la técnica, que hiciesen de nuestros centros de cultivo rutinarios fuerzas poderosas de producción moderna; en el reparto justo de la tierra para el hombre sin tierra, condensando en este valeroso propósito su deseo de ver el latifundio gomecista en las manos del campesino venezolano para que se obrase así el milagro de una conciencia nacional enraizada en la bandera al suelo. Sueños éstos que, materializados en proyectos, sin resonancia demagógica y sin arrebatos espectaculares, contribuirán hoy o mañana a redimir a nuestro pueblo”.  No cabe duda que el pensamiento agrarista de Adriani sigue siendo fuente y nutriente del hacer y del deber ser nacional en materia de desarrollo rural integral, que ciertamente es más que el simple reparto y ocupación de tierras y del desordenado otorgamiento de créditos para una agricultura sin planes y sin control. Y por su pensamiento conservacionista como base de una agricultura sustentable, puede ser considerado, en palabras del Dr. Arnoldo Gabaldón, de su discurso en esta Universidad con motivo del cincuentenario del CIDIAT, como precursor de la tesis del desarrollo sostenible hoy uno de los objetivos de la ONU en su agenda para el presente milenio.
Sociopolítico científico, Adriani también, con la  experiencia de su  trashumancia internacional,  y su arraigo regional, y la vivencia que le dio el estudio de nuestra Historia, pudo analizar, con  admoniciones  futuristas,  las causas  y consecuencias de  la  Guerra  Federal,  en donde según él,  prevalecieron intereses políticos en sus  ideólogos,  que  llevaron  a  una  lucha  incorrecta y tal vez  hipócrita, sobre una plataforma única: Centralismo o federación, y donde triunfó esta última porque entre sus huestes había un caudillo y no porque propiamente  hubiera triunfado un proyecto federalista. De esa guerra, sólo quedó el “Dios y Federación”, dijo Adriani, reduciéndose el federalismo a una simple fórmula de tintero de escritos oficiales. Y, con la autoridad del estadista,  advertía en  1936  sobre la forma de utilizar ideologías externas para hacer política  de Estado, con las siguientes aprensiones, que tienen actualidad y vigencia en  el acontecer nacional del Siglo  XXI: “Ha vuelto a  cundir la peste de ideólogos tropicales (...),  que se empeñan en arrastrarnos a disputas bizantinas sobre sistemas políticos, a discusiones sobre metafísica política; que persisten en mirar hacia  atrás como la mujer de Lot; y, sobre  todo, que se afanan de transmitirnos los morbos que van asociados con la Rusia de Stalin, con la Alemania de Hitler y la Francia de Herriot”.  Siguen vigentes estas admoniciones, para evitar que ese tipo de ideólogos persistentes, terminen llevándose “nuestras esperanzas y nuestras oportunidades, que son fragmentos de nuestra vida”, como alertaba Adriani. El escritor merideño Germán Briceño Ferrigni dice que Adriani y Picón Salas fueron en su juventud, en la edad madura y que hubieran sido en la vejez, almas gemelas y parecidas, y que esos dos jóvenes en su época “resumían la clarividente visión de un país aún no metido en la pobreza de la riqueza fácil”. Y que “ambos, en sus lecturas, conversaciones y gustos, expresaban ese ideal de superación y perfeccionamiento juvenil que hoy nos parece, en ocasiones, como decaído y hasta caducado”. Este mismo escritor merideño afirmó que “Adriani y Picón Salas han sido, sin duda, el mejor aporte de Mérida al Siglo XX venezolano. Los dos fueron camino y mensaje (...)”. Y para Manuel Caballero en su  publicación “Dramatis  Personae”, Adriani,  fue uno de los venezolanos,  por ser  su paisano y amigo de juventud,  con quien Picón Salas mantuvo correspondencia permanente, “mezclando política, cultura universal y nostalgia por el  terruño común”, y que si bien Betancourt  sedujo  a Picón Salas, por su claridad de miras y férrea voluntad de combate,  con Adriani”,  decía se llega a imaginar una simbiosis entre ambos que, al regresar a su país, traerá la solución real de sus problemas: La educación en  sus manos, la economía en las de  Adriani”.  Si así hubiera sucedido Venezuela fuese otra. Con Asdrúbal Baptista, al examinar lo hecho y dicho por Alberto Adriani, puede concluirse, que “Durante las cuatro décadas cuando corre la vida concedida a Alberto Adriani se estableció el derrotero del Siglo XX venezolano. Este fue su tiempo, pero también y con apenas distancias de alguna significación, ha sido el nuestro. Pero decir su tiempo, y, sobre todo, pensar en lo que él fue, es aludir a la dimensión de lo que aún no ha acontecido, a lo que acaso conjeturamos, o a lo que se busca con afán apurar para que acontezca. La madera de la que estaba hecho Adriani era para el futuro. Si hubiere que preguntarse qué lo constituía, la respuesta tenía que ser: ni agua ni fuego; ni tierra ni aire. Sólo tiempo, pero, además, tiempo por venir”. Ciertamente el pasado de Adriani sigue siendo nuestro porvenir, porque, “el pensamiento de él queda en el ensayo económico, en el plan político, en la decisión administrativa, tienen calidad y materia para seguir fructificando. Y es ejemplar la historia (en este país nuestro de tantas historias inejemplares) de un hombre joven y modesto nacido en un pequeño pueblo provinciano, cuyo talento y cuya honestidad pudieron ofrecerle en plena juventud, un grandioso destino”, como pudo decir su amigo desde y para siempre, Don Mariano Picón Salas, al conocer de su muerte.
  Mediante este escrito, la Fundación que lleva su nombre en el aniversario de la fecha de su nacimiento, ha querido destacar la proyección de su pensamiento para la solución de la crisis actual nacional, y para, a través de sus palabras y reflexiones, reencontrarse con la esencia de su pensamiento, que sin duda dan fuerzas para seguir trabajando por la construcción y reconstrucción del país; porque como él pensó que siempre hay tiempo para la acción.
Caracas, 14 de junio de 2020


domingo, 7 de junio de 2020

Tips sobre Sentencia en comandita y galimatica No. 0068 de la Sala Constitucional de fecha 05/06/2020




Tips sobre Sentencia en comandita y  galimatica No. 0068 de la Sala Constitucional de fecha 05/06/2020





Román J. Duque Corredor

No he podido acceder a la sentencia. Solo al l dispositivo. Por ahora unos tips no definitivos.
 1) Si la AN está en desacato y por eso es invalida, como puede incurrir en omisión, ¿si todo lo que decida es nulo? Galimatía y contradicción que invalida la sentencia.
3) Siendo una demanda por supuesta omisión, donde solo se trata de determinar si se cumplió o no un mandato, no cabe desaplicar norma alguna, porque el objeto no es la inconstitucionalidad de dicha norma. Tergiversó el objeto de la demanda y lo transformó en nulidad por inconstitucionalidad, violando el debido proceso, lo que es una grave extralimitación de la función jurisdiccional, que está limitada por la competencia y por los procedimientos establecidos.
4) En todo caso, si el problema es la supuesta omisión y no la inconstitucionalidad de unas normas de la Ley Electoral, entonces, no se trata de omisión legislativa. Motivación falsa.
5)  La AN viene cumpliendo el procedimiento de designación de CNE, puesto que ha elegido un Comité de Postulaciones, que lleva a cabo el procedimiento. Luego no hubo omisión alguna, por lo que la sentencia se basa en un falso supuesto, porque no está probada la omisión, porque existen pruebas que contradicen el fundamento de la sentencia.
6) Debió notificar a la AN y no lo hizo, ni abrió el proceso para que la AN pudiera demostrar que estaba cumpliendo con el procedimiento de designación del CNE. Incurrió en violacion del debido proceso por indefensión.
6) Incurrió en usurpación del poder constituyente, al modificar la Constitución, al atribuirle al CNE, competencia legislativa para que legisle sobre el desarrollo de procesos electorales, y al eliminarle esa competencia a la AN. Lo cual además de ser una usurpación de funciones, tal delegación legislativa no está contemplada en procedimiento alguno que pueda conocer el TSJ. Pudiera decirse que la intención de la demanda era arrebatarle a la AN esa competencia, y que la SC participó de esa intención, luego hubo fraude procesal agravado.
 7) Incurrió en una grave extralimitación de la función jurisdiccional, al emplear el control difuso de la constitucionalidad como mecanismo para delegar funciones legislativas al CNE.
 8) Usurpó competencias de la Sala Electoral, al decidir sobre las elecciones de diputados indígenas, lo que, por otro lado, no era el objeto de la demanda. Se trata de una grosera incompetencia y una violacion del derecho del juez natural.
 Cuando pueda leer la sentencia aumento, modifico o corrijo los tips.
05/06/2020
P. S. Con posterioridad tuve acceso a la demanda sobre la cual la Sala Constitucional dicto su Sentencia No. 068, el 05/06/2020, bajo ponencia conjunta o en comandita simple. Demanda esta  que ha debido ser declarada inadmisible por aplicación del artículo 133 de la Ley Orgánica del Tribunal Supremo de Justicia, por haberse acumulado indebidamente en una supuesta demanda por omisión legislativa inconstitucional demandas y recursos que se excluyen mutuamente y por ser sus procedimientos incompatibles, como el de nulidad y de interpretación.  En efecto, en la demanda se solicita de la Sala Constitucional:
 a) Que en el marco del desacato en se encuentra la AN se declare la omisión legislativa por la imposibilidad de cumplir con el Acuerdo aprobado, en fecha 30 de octubre de 2019, por dicha Asamblea Sobre los Mecanismos de Cumplimiento de las Garantias Electorales y los Procedimientos Constitucionales de Selección del Poder Electoral (Sic).
b) Que en virtud del desacato en que se encuentra la AN se pronuncie sobre la las actuaciones realizadas por esta Asamblea en materia de designacion e inicio del proceso de designacion de los Rectores del Poder Electoral, por ser supuestamente invalidas, inexistentes e ineficaces.
c) Que revise los artículos 7, 10, 11, 14 y 15 de la Ley Orgánica de Procesos Electorales por contradecir el principio de la representacion proporcional, de la personalización del sufragio y del Cociente Electoral Nacional, contemplado en el articulo 63 de la Constitucion, a los fines de su desaplicación, sustitución o modificacion en los términos que estime conveniente (Sic).
d) Que interprete el artículo 298 de la Constitucion respecto de la no modificacion de la legislación electoral dentro del lapso de los seis meses anteriores al dia de la eleccion.
e) Que se pronuncie sobre las garantias que debe asumir el Estado venezolano sobre la garantía del derecho de participación indígena respecto de su representacion en la AN y que sea el CNE el que regule  esa garantía.
 Ademas, siendo la omisión una conducta fáctica, sin embargo, los demandantes solicitaron se declarara la demanda de mero derecho.
07/06/2020